Lección relajante

yoga

El estresante ritmo de vida que llevamos hoy en día, hace que no tengamos espacio ni siquiera para pensar y eso nos aleja de la productividad y nos hace tomar decisiones que pueden resultar desastrosas.

Cuando estamos embotados rendimos alrededor del 30% de nuestra capacidad, eso significa que nos hacemos menos competitivos; pero contrariamente para hacernos más productivos creemos que es necesario trabajar todo el día sin descanso. Craso error, las conexiones cerebrales funcionan mejor cuando nuestro cerebro ha descansado.

Nada mejor que meditar para darle descanso al cerebro y hay cosas que parecen tan menudas; pero que terminan robándose una gran parte de nuestro tiempo. Quiero contarles del caso de George La Fontaine, un pequeño empresario americano que viajó a España hace 10 años para realizar un trabajo para la compañía para la que trabajaba. Durante su viaje conoció a la mujer con la que se casaría y se radicó en Madrid. Trabajaba tan duro que había dejado de practicar yoga, que era una de sus pasiones.

hombre

George tenía una tienda en el centro de la ciudad que vendía antigüedades orientales, básicamente chinas y japonesas. Una cantidad de robos sucesivos lo hicieron volverse casi paranoico. Conversando con un amigo le confesó que cerraría el negocio, que estaba cansado de tantos robos. Su amigo, lo conminó a no tomar una decisión de la cual pudiera arrepentirse, sabía cuánto le había costado tener esa tienda y cuanto amaba estar allí; le invitó a una de sus sesiones de yoga, hacía mucho tiempo que no le veía en sus clases, George aceptó y durante una semana estuvo asistiendo.

Mientras iba camino a una de las clases, se topó con un llamativo aviso de una cerrajería, decidió bajarse del coche y entró a la tienda. Solo por curiosidad comenzó a preguntar por algunas cerraduras que le llamaron la atención, hasta que un señor de mediana edad le preguntó si había sido objeto de un robo a su casa. Las preguntas que le hacía al joven que le atendía daban cuenta de ello. George le replicó, con cara de sorprendido que por qué le preguntaba eso y el buen hombre le dijo que en sus años trabajando había atendido a muchas personas con ese problema y podía reconocer la necesidad a distancia.

cerradura

Inspirado por la confianza que aquél hombre le brindaba, le comentó lo que le pasaba, ese día no fue a la clase de yoga porque se le pasó el tiempo hablando con el hombre de la tienda. Al día siguiente  estaba montando una cerradura que le había recomendado el cerrajero, quien le dijo que el próximo ladrón tendría que derribar una pared o cavar bajo la tierra y entrar por el suelo; pero que violando la cerradura jamás podría hacerlo. La cerradura que le colocó le costó tres veces más que la última; pero ya había cambiado unas 5 cerraduras que en total sumaban casi el doble de lo que había pagado por la recomendada por su nuevo amigo.

Después de ese día la vida de George volvió a la normalidad, continuó con sus clases de yoga en las tardes y no podía entender porqué algo tan sencillo como comprar una buena cerradura no se le había ocurrido, solo debía consultar a un experto para que le ayudara. No podía imaginar el haber decidido vender a su amada tienda solo por no haberle puesto una cerradura de gran calidad y adecuada para resguardarla.

Cuando se está relajado, se pueden ver las cosas con más claridad, este hombre siempre pasaba por el frente de la tienda y nunca la vio, hasta que volvió a las clases de yoga, ¿qué cosas no?